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Los “Rituales Mayores”

 

libros antiguos

 

Tras los catecismos ingleses del período 1696-1730, y las divulgaciones francesas (1738-1751) e inglesas (1760-1769) y después de una época de transición –años sesenta del siglo XVIII- en la que aparecen algunos rituales de grados simbólicos (como la Browne´s Master Key de John Browne), harán su entrada en el escenario masónico europeo los que se conocen con el nombre de “Rituales Mayores”.

1º.- En 1782 el Ritual del grado de Aprendiz, de Compañero y de Maestro francmasón para el régimen de la masonería rectificada redactado en Convent General de la Orden en agosto de 1782: rituales del Rito Escocés Rectificado, redactados por Jean-Baptiste Willermoz y refrendados por el Convent de Wilhemsbad.

2º.- En 1786, fecha de su aprobación por el Gran Oriente de Francia, los rituales del Rito Moderno o Rito Francés, redactados por una comisión coordinada por Montaleau, y sistematizados definitivamente en el Régulateur du Maçon de 1801.

3º.- En 1804, los rituales de los grados simbólicos del Rito Escocés Antiguo y Aceptado -introducido por Grasse-Tilly-, bajo el título de Guía de los Masones Escoceses, o Cuaderno de los tres grados Simbólicos del Rito Antiguo y Aceptado.

4º.- En 1816, tras la fusión de las dos Grandes Logias inglesas rivales en la Gran Logia Unida de Inglaterra, la nueva Obediencia aprueba los rituales de la Logia Emulation, que irán apareciendo desde 1825, con revisiones en 1835 y 1838 como Rito inglés estilo Emulación, o Rito de Unión).

Anteriormente, habían ido sucesivamente apareciendo rituales manuscritos –algunos, de dudosa ortodoxia masónica- como el Rito Antiguo de Bouillon (1740), las Confesiones de Jean Coustos ante la Inquisición portuguesa (21 de marzo de 1743), y el Escocés Inglés o El perfecto Maestro Inglés (1745-1750)

Para saber más:

Joannes A.M. Snoek: L´ÉVOLUTION DU MYTHE HIRAMIQUE EN ANGLATERRE ET EN FRANCE. En la revista La Chaîne d´Union, nº 3.

 

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¿Publicar los rituales masónicos?

imprenta antigua

¿Publicar los rituales masónicos, o confiarlo todo a la memoria? Era el dilema de los primeros masones especulativos, que deseaban guardar la discreción debida a la intimidad de lo que llevaban a cabo en Logia y, al mismo tiempo, querían conservar fielmente un legado ritual que, andando el tiempo, podía ser susceptible de contaminaciones por elementos extraños a la Francmasonería: religiosos, esotéricos…

Las primeras divulgaciones –así llamadas- de los rituales masónicos no agradaron a los Hermanos, aunque hoy nos sirven para estudiar la génesis y evolución de cada rito. Fueron hechas por antiguos masones –molestos con la Orden, por distintas razones-, tanto como por Hermanos cuyo único afán fue la preservación de la pureza ritual. De ellas hemos tratado ampliamente en diversos post.

En las Logias se trabajaba confiando a la memoria la recitación y acción ritual. De hecho, aquélla continúa siendo el alma de algunos ritos, como el inglés estilo Emulación. Pero era un hecho que, con el paso de los años, algunas de las intuiciones originales se perdían o empañaban, como de hecho ha sucedido, si hacemos un estudio comparativo entre algunos ritos vividos en la actualidad y sus rituales fuente.

Esta problemática se planteó en el seno del Gran Oriente de Francia cuando, bajo la égida de Alexandre-Louis Roëttiers de Montaleau, se llevó a cabo la magna obra de recopilación del antiguo rito masónico original que, con el tiempo, acabaría siendo llamado “francés” o “moderno”. La ímproba labor dio como resultado el Régulateur du Maçon, texto de referencia para quienes trabajamos en Rito Francés o Moderno.

Estaba claro –leyendo las actas de las sesiones de estudio de la época- que, una vez sistematizados los antiguos usos rituales, había que publicarlos de alguna manera; se plantean dos posibles: manuscrito o impreso. Ambas posibilidades tuvieron sus partidarios y detractores. Por no alargarnos, finalmente se opta por la impresión, pero no para poner los rituales a la venta en librerías y mercados, sino enviándolos –con las mayores garantías de discreción- a las Logias que así lo solicitaran al Gran Oriente. De esta manera, el envío se hacía en tres partes, de modo que si se perdía una o era sustraída, nadie pudiera disponer del ritual completo, sino sólo de una parte que, aislada, resultaba inconexa y sin el sentido pleno.

¡Qué abismal diferencia con respecto a publicaciones que se realizan en la actualidad y que, sin asomo de la discreción prometida el día de nuestra iniciación, divulgan a los cuatro vientos algo que pertenece al ámbito íntimo de la Logia, dando pelos y señales en una tarea que lo único que puede alimentar es el morbo!

El ritual debe estar a disposición de la Logia, pero sólo de la Logia. Es su guión de trabajo y sólo a ella le interesa y concierne. Además, el día de nuestra recepción hemos prometido discreción y no revelar nada de lo que hacemos en nuestros Trabajos. Con tesón y fidelidad hemos de conservar y preservar este uso de nuestros ancestros.

De ahí que, en la disciplina del Gran Oriente de Francia, no se hable de libros rituales sino de “cuadernos” rituales, en línea con aquellos venerables cuadernos manuscritos de los primeros tiempos.

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Régulateur: las fuentes del Rito Francés, rito de fundación

en hábito de arquitecto

Según el Littré (*), el regulador regula y regulariza. Todo queda dicho en este texto fundador que reúne así el espíritu de las Constituciones de James Anderson, en cualquiera de sus versiones, y los reglamentos generales de las Obediencias, especialmente los decretados en 1773 por el Gran Oriente de Francia o, en 1813, por la Gran Logia, finalmente Unida, de Inglaterra.

¿Por qué un regulador en una Orden apasionada de la libertad y tan preocupada por preservar sus “secretos”?

En primer lugar, para “reconocerse como tales” y permitir la visita, la acogida y la hospitalidad fraternal. Ya que, con la profusión de grados, ritos y prácticas, con la confusión de géneros y, en ocasiones, la venalidad de grados y funciones, no resultaba muy sencillo saber quién era quién. Habría hecho falta desplegar una singular operación de contraespionaje contra los ingleses para, desde finales de 1723, desembarazarse de importunos, curiosos y algunos estafadores,

En segundo lugar, para regular el caos, según lo dicho por Jean Mourgues. Pues no era muy factible, con logias en constante desarrollo, con Obediencias concurrentes, con ceremonias iniciáticas en pleno cambio, entre cientifismo racionalista y obsesivo retorno al espiritualismo, definir un espacio común que hiciera de cada Francmasón (o Francmasona) un Hermano o una Hermana que vivieran una iniciación si no común, al menos similar.

Si las Obediencias se negaban a imprimir los rituales, había individuos que deseaban popularizarlos, aunque sólo fuera para unificar los ritos. Algunos, en el Gran Oriente, decidieron “uniformizarlos”. Toda la dificultad del ejercicio masónico puede resumirse en este matiz que va mucho más allá de la semántica. Unificar una Orden, única por naturaleza pero dividida por temperamento, uniformizar unos ritos que transmiten la tradición, sin dejar de estar vivos.

Se conocían muchos rituales, todos masónicos, pero más o menos ligados a la verdadera historia de la Orden. Lejos de las reescrituras de una mito-historia romancesca, adaptada en función de consideraciones a menudo poco científicas, hacía falta reencontrar los elementos que fundaron la Francmasonería, alrededor de los amigos de Isaac Newton, y de importaciones escocesas, todas rebozadas de préstamos de diversas corrientes que, fusionándose en un momento, permitieron que alquimistas y herméticos, pero también estuardistas y herejes de todas partes, crearan un espacio de fraternidad en un universo arrasado por guerras civiles y querellas religiosas.

Durante largo tiempo, unicamente los enemigos de los Francmasones revelaron los rituales y los modos de reconocimiento: en la prensa popular inglesa, desde abril de 1723; después, a partir de 1737 en Francia, en numerosas obras. En 1760, una autoridad masónica imprime –parece ser que por primera vez- un ritual de los tres primeros grados. Algunas Logias hicieron lo mismo en 1763. En 1772, la Primera Gran Logia de Francia decidió nombrar una comisión que pusiera orden en la profusión de rituales. Haría falta esperar al notable trabajo de Roëttiers de Montaleau para que el conjunto del proceso masónico fuera finalmente descrito y redactado, y después aprobado durante el verano de 1785. Los textos llegarían a las Logias en 1786. Se publica una antología anónima en 1788. Finalmente, aparece en 1803 el Régulateur y es depositado, conforme a la ley, en la Bibliothèque Nationale. El “Código Civil” de los Francmasones vio la luz bajo la Masonería Imperial, preocupada, como el Emperador, por fijar los principios y reglas de la vida masónica.

La fuerza y vitalidad del Rito Francés encuentran sus orígenes en esta capacidad natural para el equilibrio entre respeto a la tradición, evolución y libertad de conciencia. Nacerá una Obediencia multirritual, para garantizar, gracias al rito fundador convertido en rito francés, el libre ejercicio de todos los demás.

(*) Diccionario de la lengua francesa, apellidado así por su compilador: Émile Maximilien Paul Littré.

Fuente: prólogo de Alain Bauer a la edición crítica -Pierre Mollier- del Régulateur du Maçon. Editions á l´Orient. París-2004.Traducción del autor del presente blog.

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