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¿Masones magufos de extrema derecha?

 

A la derecha de la acacia

 

¿Ultra conservadurismo masónico? ¿Masonería tradicionalista y de las JONS? ¿Guenonianos fachas? ¿Magufos neocón?

Traduzco esta entrevista, realizada por Stéphane Moray a Stéphane François. Aparecida en el magacín francés Franc-Maçonnerie Magazine, responde, directa o indirectamente, a preguntas que también en España nos hacemos los masones y se hacen sobre los masones. ¡Buena lectura!

 

“A la derecha de la acacia

Stéphane François

 

Historiador de las ideas y politólogo francés especialista en movimientos radicales, Stéphane François ha publicado recientemente su libro A droite de l´acacia (a la derecha de la acacia, en castellano), en ediciones de la Hutte. Sorpresivo título, pues en primer lugar nos hace esperar un texto sobre movimientos derechistas en el seno de la masonería. Si no se trata de esto, ya que se trata de una reflexión sobre la influencia “esotérica” en el seno de la masonería, el autor pasa, no obstante, por la criba ciertas tendencias tradicionalistas y conservadoras, encarnadas por Guénon o Evola, tendencias a contracorriente de una institución que se quiere progresista.

Declaraciones recogidas por Stéphane Moray.

SM.- ¿Diría usted que las tendencias esotéricas o tradicionalistas que evoca en su obra representan la verdadera naturaleza de la francmasonería?

SF.- En absoluto. Al contrario, el esoterismo se injertó en la francmasonería desde el nacimiento de ésta, y el esoterismo tradicionalista todavía más tardíamente, después de la Segunda Guerra Mundial. Aparte de esto, este es un viejo debate: ¿la naturaleza profunda de la masonería es esotérica, o no? Algunos lo afirman, otros no. Yo pertenezco a la segunda categoría. El esoterismo aparece en las logias hacia 1750, en particular en los altos grados. Por otra parte, los masones ingleses rechazan estos altos grados, así como su contenido esotérico. René Guénon[i], por el contrario, vio en estos ritos las expresiones de una tradición más antigua, preservada por la masonería operativa medieval; haría falta, pues, según él, respetar la ortodoxia masónica para reencontrar la “tradición”. Esta visión ahistórica y acientífica es demolida por historiadores como Roger Dachez o John Hamill, que evacuan de la francmasonería esoterismo y ocultismo.

SM.- Se refiere usted a René Guénon o a Julius Evola[ii], nombres que se oyen con frecuencia en masonería, tal vez mal conocidos y mal interpretados. ¿Realmente existen guenonianos o evolistas (o logias guenonianas o evolistas) en masonería? ¿Se ha encontrado usted con esto?

SF.- La influencia de Guénon es más visible que la de Evola, pero ambos vienen a irrigar una concepción tradicionalista y conservadora de la francmasonería. Hay logias guenonianas. Conozco algunas, sobre todo del Régimen Escocés Rectificado, pero no solamente de éste. Las especulaciones guenonianas han influenciado mucho algunas franjas de la masonería contemporánea. En cambio, estas especulaciones han provocado muy vivos rechazos por parte de algunos masones. Por el contrario, nunca me he encontrado con logias evolistas, es decir logias que se sitúan en la filiación evolista, incluso cuando conozco a algunos masones evolistas. Hay también logias cuyos miembros se proclaman de Evola. Pero en mi opinión, no conocen bien la obra del barón italiano: este era no solamente un teórico del surfascisme y un autor antisemita, sino también un anti masón muy virulento, que creía en un complot masónico. De hecho, se apropió de las declaraciones antimasónicas de  Léon de Poncins, especialmente las desarrolladas en un libro de 1936, La Guerre occulte. Juifs et Francs-Maçons à la conquête du monde (La Guerra oculta. Judíos y Francmasones a la conquista del mundo). Evola desarrolló esta temática conspiranoica en muchos artículos, escritos a partir de los años treinta. Algunos fueron retomados en sus Écrits sur la franc-maçonnerie (Escritos sobre la francmasonería), publicado en francés en 1987.

SM.- El análisis que hace usted del tradicionalismo en francmasonería ¿no afectaría más a los llamados grados superiores, que a la masonería simbólica de los tres grados iniciales?

SF.- Sí, tiene usted toda la razón. Ese tradicionalismo afecta prioritariamente a los grados superiores. Pero concierne también a algunas pequeñas Obediencias ante todo espiritualistas, aficionadas al esoterismo e incluso al ocultismo, que practican el rito de Menfis-Misraïm.

SM.- ¿No es, en el fondo, el discurso tradicionalista antinómico de la masonería, que aspira a que la persona se cuestione y, en suma, a una mejora de sí mismo para mejorar la sociedad?

SF.- Eso pienso. Su defensa de las castas, de la jerarquía, etc, pone trabas a cualquier cuestionamiento de sí y, sobre todo, de la sociedad, que, en su discurso, debe ser inmutable y estática. Se trata de un punto de vista muy conservador, y es lo que Stéphane Rials, gran especialista del monarquismo, llama “el horror de la voluntad”: una ausencia total, incluso un rechazo también total de voluntad para mejorar la sociedad. Por otra parte, para estos tradicionalistas la sociedad no debe mejorarse, sino preservar sus tradiciones, sus raíces… Se trata, claramente, de un pensamiento conservador. Es interesante señalar que Guénon consideraba toda evolución política y social como una manifestación de la decadencia moderna. También es muy sintomático ver cómo considera a Désaguliers y Anderson como pervertidores de la “verdadera masonería”… Toda evolución se percibe como manifestación de decadencia. Dicho esto, Guénon no estaba en contra de una búsqueda personal, pero la desconecta de la sociedad y sus evoluciones.

SM.- El título de la obra da a entender que hay una fusión entre “tradicionalista” y “derecha”. ¿Tiene sentido clasificar el guenonismo a la derecha o a la izquierda?

SF.- Como historiador de las ideas, tiendo a situar los discursos de René Guénon a la derecha del tablero político, dadas sus posturas abiertamente anti modernas, es decir anti Luces, y conservadoras. Pero hay también personas que se dicen de izquierdas y que consideran interesantes las tesis de Guénon…

SM.- Viendo sus temas de estudio, no puedo evitar preguntarle a usted acerca de los vínculos entre el terrorista de extrema derecha Anders Behring Breivik[iii] y la masonería, ya que éste habría pertenecido a una logia de Oslo. ¿Le parece a usted que simplemente Breivik era un infiltrado en la masonería, o puede haber otra explicación?

SF.- Le corrijo a usted en un punto: no se puede considerar que Breivik sea un militante de extrema derecha. Precisamente, ahí está el problema. Era miembro de un partido neo populista, el Partido del progreso, y no de un partido neonazi, de los que existen en Escandinavia. Solo que es más simple intelectualmente considerarlo como militante de extrema derecha; lo que evita preguntarse sobre la evolución y maduración intelectual de semejante persona. Además, hay que tener en cuenta que hay masonerías mucho más conservadoras que la masonería francesa. En Noruega la masonería no solamente es conservadora, sino que destaca su carácter cristiano. Y la defensa del cristianismo es uno de los puntos de fricción de la visión del mundo de Breivik. Se presenta él como un contra yihadista, como un nuevo templario (de ahí su interés por los ritos masónicos templarios), que busca defender de las hordas mahometanas el Occidente cristiano…

SM.- Cita usted a Luc Nefontaine, que presenta la francmasonería como una “religiosidad secular”. ¿Es este su punto de vista? En suma, ¿cuál es actualmente su definición de la francmasonería?

SF.- Es verdad que la francmasonería puede ser vista como una religión secular por sus ritos, su organización, etc, pero no es solamente esto. Es también un grupo de pensamiento, una escuela de formación intelectual. Otros ven en ella una “religión de religiones”, etc. Me parece más legítimo hablar de “francmasonerías”. La proliferación de posturas y Obediencias ha llegado a ser tal, que resulta difícilmente sostenible hablar de forma monolítica. Pero esto no es propio de la masonería: otro tanto se puede decir de la “izquierda” o de la “derecha”, si tomamos ejemplos políticos. Lo interesante es esta diversidad”.

 

 


[i] René Guénon (1886-1951) es un metafísico francés, autor de numerosas obras que tratan de esoterismo, metafísica y crítica del mundo moderno. Su obra opone las civilizaciones que permanecen fieles al espíritu tradicional –qué, según él, solo tiene representante auténtico en Oriente- al conjunto de la civilización moderna, que él considera desviada. Esta obra modificó profundamente la recepción del esoterismo en Occidente en la segunda mitad del siglo XX.

[ii] Julius Evola (1898-1974), filósofo y esotérico italiano entre cuyos valores espirituales estaban: la aristocracia, el tradicionalismo masculinista, el heroísmo y el carácter reaccionario (nota del traductor).

[iii] Anders Behring Breivik fue declarado culpable, el 24 de agosto de 2012, de actos terroristas, por el atentado con bomba y tiroteo que causó la muerte de 77 personas en Noruega, en julio de 2011.

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La Unión Europea subvenciona la superstición

mancha en el cemento, Bélmez

La Unión Europea y la Diputación de Jaén se disponen a financiar el proyecto de creación de un centro dedicado a las llamadas “caras” de Bélmez de la Moraleda, desde 1971 santuario al que acuden supersticiosos (ahora les llaman, eufemísticamente, “magufos”) propios y foráneos a reverenciar unos manchurrones en el cemento de la casa de María Gómez, difunta vecina de la localidad.

Es una vergüenza que dos entidades presuntamente serias financien, con el dinero de todos, un centro dedicado a la superstición. A este paso, cualquiera va a ver en el váter de su casa una mancha sospechosa y, si desea que la UE y su diputación provincial le sacudan los euros, podrá, con todo derecho, proclamar y definir que es el rostro del santo o santa de su devoción. A la postre, ¿no es cuestión sino de rostro? En el caso de Bélmez, rostro de cemento, como el que tienen los responsables de la UE y de la Diputación de Jaén, a quienes, por lo visto, de nada les está sirviendo la oleada de más que justificada indignación que recorre España y Europa. A lo suyo, sin acusar recibo. Que una institución europea y otra provincial se dediquen a quemar dinero y energías en esto, cuando hay miles de personas que mendigan y mueren en nuestras calles, es, además de vergonzoso y lacerante, motivo para indignarnos más aún y para pasar de la indignación a la reacción.

El proyecto supersticioso de Bélmez costará 768.457 euros, de los que nada menos que el 70% lo costeará la UE.

¿Sabrán cuánta angustia podrían mitigar, cuánto sufrimiento aliviar, cuánto puesto de trabajo crear con esa suma? Desgraciadamente, lo saben, y eso les hace todavía más culpables.

Trágico destino será el de un país y un continente que pagan a los fantasmas y niegan a los vivos el pan y la sal.

Si ellos construyen ese centro dedicado a las “caras”, bien se están construyendo ese otro inmaterial, dedicado a ellos, los caras de Bélmez.

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