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Comunicado del EME: Democracia y Libertad

Jornadas del EME: democracia y libertad

Tras las jornadas sobre Democracia y Libertad celebradas los pasados días 24 y 25 en Barcelona por las Obediencias masónicas que integran el Espacio Masónico de España (EME), publicamos el comunicado emanado de las mismas, y que se puede descargar aquí:

DEMOCRACIA Y LIBERTAD

La Libertad es el fundamento de toda Democracia, pero a su vez la Libertad se fundamenta en la Igualdad,  y en la Justicia que hacen viable la práctica de la Fraternidad, siendo asimismo la Laicidad su instrumento marco imprescindible.

Para que ello sea posible se requiere que los principios éticos y no los intereses particulares sean los engranajes que muevan todo el mecanismo, y que éste no se vea atenazado por el miedo. Si los intereses toman el lugar de los principios éticos el sistema se corrompe, y con él se hunden la confianza, el consenso y la voluntad que lo hacen posible.

Lamentablemente, ideología, principios y ética  se han rendido al poder del Mercado. Y justo ahora, con más ahínco y convicción, cuando este modelo económico caduco muestra su peor faz en un vano intento de pervivencia.

Así, las palabras Democracia y Libertad, a la par que desvirtuadas y mal vendidas al capital financiero, se aplican con la malsana intención de justificar lo injustificable: pérdida de derechos; empobrecimiento de las clases populares tanto a nivel económico como cultural; destrucción del medio ambiente; corrupción; insolidaridad; represión y arbitrariedad. Todo ello está produciendo una grave desafección de la ciudadanía hacia los estamentos que deberían representarla. Desafección ésta traducida en indignación, incertidumbre, miedo y pasividad sumisa en el peor de los casos. Actitudes todas ellas magnífico caldo de cultivo para propuestas demagógicas, redentoristas y totalitarias.

Una persona libre es aquella a quien el miedo, la ignorancia y el dogmatismo no ensombrecen su conciencia. Y una sociedad, para crecer en libertad, debe apostar decididamente por la Democracia plena y efectiva donde el voto sea solamente la culminación de un proceso, un instrumento y no su objetivo.

Las masonas y masones como ciudadanas y ciudadanos -que  no súbditos-, ante la situación de grave exclusión social, frente a leyes que pretenden anular las conquistas sociales que en materia de libertades y derechos se han ido ganando no sin esfuerzo y sacrificio, no cerramos los ojos, ni tapamos nuestros oídos ni mucho menos apagaremos nuestra voz.

NO ES UNA CRISIS que, cual aguacero de verano, amaine y de paso de nuevo a aquel mal llamado Estado de Bienestar del que muchos creyeron haber participado.

Es, pura y llanamente,  el fin de un sistema, son sus amargos y peligrosos estertores.

La Francmasonería  Liberal y Adogmática tiene una contestación ética que proponer e impulsar. Siendo ella misma artesana de Luces en una sociedad que desde el poder se pretende convertir en teocrático dominio de oscurantismo y sumisión seguirá trabajando esperanzada y fraternalmente, rescatando el sentido de las palabras, codo a codo con el resto de la ciudadanía afanada ya en abrir camino hacia nuevas formas de Democracia plena y activa.

Y porque, a pesar de este inquietante clima de deshumanización, otro mundo es posible,

REIVINDICAMOS LA UTOPÍA PARA CONSTRUIR LA REALIDAD

Gran Logia Femenina de España

Gran Logia Simbólica de España

Federación  Española  de la Orden Masónica Mixta Internacional del Derecho Humano

Gran Oriente de Francia

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Régulateur: las fuentes del Rito Francés, rito de fundación

en hábito de arquitecto

Según el Littré (*), el regulador regula y regulariza. Todo queda dicho en este texto fundador que reúne así el espíritu de las Constituciones de James Anderson, en cualquiera de sus versiones, y los reglamentos generales de las Obediencias, especialmente los decretados en 1773 por el Gran Oriente de Francia o, en 1813, por la Gran Logia, finalmente Unida, de Inglaterra.

¿Por qué un regulador en una Orden apasionada de la libertad y tan preocupada por preservar sus “secretos”?

En primer lugar, para “reconocerse como tales” y permitir la visita, la acogida y la hospitalidad fraternal. Ya que, con la profusión de grados, ritos y prácticas, con la confusión de géneros y, en ocasiones, la venalidad de grados y funciones, no resultaba muy sencillo saber quién era quién. Habría hecho falta desplegar una singular operación de contraespionaje contra los ingleses para, desde finales de 1723, desembarazarse de importunos, curiosos y algunos estafadores,

En segundo lugar, para regular el caos, según lo dicho por Jean Mourgues. Pues no era muy factible, con logias en constante desarrollo, con Obediencias concurrentes, con ceremonias iniciáticas en pleno cambio, entre cientifismo racionalista y obsesivo retorno al espiritualismo, definir un espacio común que hiciera de cada Francmasón (o Francmasona) un Hermano o una Hermana que vivieran una iniciación si no común, al menos similar.

Si las Obediencias se negaban a imprimir los rituales, había individuos que deseaban popularizarlos, aunque sólo fuera para unificar los ritos. Algunos, en el Gran Oriente, decidieron “uniformizarlos”. Toda la dificultad del ejercicio masónico puede resumirse en este matiz que va mucho más allá de la semántica. Unificar una Orden, única por naturaleza pero dividida por temperamento, uniformizar unos ritos que transmiten la tradición, sin dejar de estar vivos.

Se conocían muchos rituales, todos masónicos, pero más o menos ligados a la verdadera historia de la Orden. Lejos de las reescrituras de una mito-historia romancesca, adaptada en función de consideraciones a menudo poco científicas, hacía falta reencontrar los elementos que fundaron la Francmasonería, alrededor de los amigos de Isaac Newton, y de importaciones escocesas, todas rebozadas de préstamos de diversas corrientes que, fusionándose en un momento, permitieron que alquimistas y herméticos, pero también estuardistas y herejes de todas partes, crearan un espacio de fraternidad en un universo arrasado por guerras civiles y querellas religiosas.

Durante largo tiempo, unicamente los enemigos de los Francmasones revelaron los rituales y los modos de reconocimiento: en la prensa popular inglesa, desde abril de 1723; después, a partir de 1737 en Francia, en numerosas obras. En 1760, una autoridad masónica imprime –parece ser que por primera vez- un ritual de los tres primeros grados. Algunas Logias hicieron lo mismo en 1763. En 1772, la Primera Gran Logia de Francia decidió nombrar una comisión que pusiera orden en la profusión de rituales. Haría falta esperar al notable trabajo de Roëttiers de Montaleau para que el conjunto del proceso masónico fuera finalmente descrito y redactado, y después aprobado durante el verano de 1785. Los textos llegarían a las Logias en 1786. Se publica una antología anónima en 1788. Finalmente, aparece en 1803 el Régulateur y es depositado, conforme a la ley, en la Bibliothèque Nationale. El “Código Civil” de los Francmasones vio la luz bajo la Masonería Imperial, preocupada, como el Emperador, por fijar los principios y reglas de la vida masónica.

La fuerza y vitalidad del Rito Francés encuentran sus orígenes en esta capacidad natural para el equilibrio entre respeto a la tradición, evolución y libertad de conciencia. Nacerá una Obediencia multirritual, para garantizar, gracias al rito fundador convertido en rito francés, el libre ejercicio de todos los demás.

(*) Diccionario de la lengua francesa, apellidado así por su compilador: Émile Maximilien Paul Littré.

Fuente: prólogo de Alain Bauer a la edición crítica -Pierre Mollier- del Régulateur du Maçon. Editions á l´Orient. París-2004.Traducción del autor del presente blog.

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