Rigor, sí; rigorismo, no

 

Fanáticos, integristas, fundamentalistas, rigoristas

 

“Aquí la tolerancia es nuestra ley;

el rigor, nuestro método;

la búsqueda de la verdad, nuestro único fin”.

 

Estas palabras constituyen un anuncio, tanto como un aviso. Tolerancia, rigor y búsqueda de la verdad conforman la panoplia primera del trabajo de los Francmasones.

La tolerancia, como actitud de quien respeta y consiente las opiniones ajenas cuyo fondo no comparte. Esa es nuestra ley, con ella podemos construir la Logia como un cuerpo social pacífico y armónico, donde tienen cabida todas las opiniones respetables, aquellas que no menoscaban la dignidad e integridad humanas.

“La Francmasonería […] tiene por objeto la búsqueda de la verdad”, proclama el artículo primero de la Constitución del Gran Oriente de Francia. Somos conscientes de que la verdad –que es poliédrica y multicolor- no es monopolio de nadie; por tanto, rechazamos toda afirmación de carácter dogmático. En el caso de concepciones de carácter metafísico, éstas se quedan en casa, en la esfera privada de cada miembro del Taller como individuo. Nuestro fin es la búsqueda de la verdad, no necesariamente su hallazgo. Pero en esa eterna búsqueda nos realizamos como personas, como masones y masonas.

El rigor es nuestro método. Pero debemos huir del rigorismo. El rigor, como exactitud, fidelidad o precisión, adquiere en el vicio del rigorismo todos los tintes siniestros de una severidad que conduce al formalismo, haciendo que nos desviemos de la frescura del método masónico. El rigor puede hacer masones activos y de corazón fresco, el rigorismo hace fanáticos presos de rigor mortis.

Rigor es respeto a un ritual que nos ayuda a ser, a una Constitución y Reglamento que velan por nosotros pero cuya razón de ser somos nosotros, no al revés. Rigorismo es convertir ese ritual y esos reglamentos en un dios; por tanto, convertirlos en dogmas, alejándonos así de los caminos masónicos.

Los masones y masonas trabajan con rigor, los integristas trabajan con rigorismo. El rigor es una legítima aspiración masónica; el rigorismo, un cáncer a evitar, una peste que puede acabar con la vida de cualquier Logia, tanto como la desidia, la negligencia y la incuria.

 

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Archivado bajo antimasonería, Francmasonería, Gran Oriente de Francia

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