¿Ciudadanos o iniciados? Masones

¿Ciudadanos, o iniciados? Masones, que lo engloba todo.

Entramos en masonería para ser mejores. ¿De qué modo? ¿Según qué imagen paradigmática? A responder esto entran las distintas opciones masónicas, legítimas siempre y cuando no pretendan imponer dogmáticamente su modelo de masón, de masonería, pues ninguno es superior a los otros, simplemente distinto. La Orden es universal, en ella caben multiformes sensibilidades, a condición de que no quieran erigirse en verdad absoluta. Tal diversidad supone una gran riqueza y hace más verdad la concepción de la Francmasonería como centro de unión, lo que confiere todo su sentido al gesto ritual de la Cadena de Unión, que tiende a unir, no a uniformar. Poco a poco, nos vamos dando cuenta de que ser mejores implica, necesariamente, mejorar nuestro entorno; no solamente como compromiso individual de cada masón, sino de la Orden en cuanto tal.

Hay, pues, una sola y única Masonería, que se expresa y articula a través de diversas orientaciones y sintonías espirituales y sociales. Diversas Obediencias, diversas Logias, diversos masones y masonas, en un colorista puzle que es todo lo contrario al monolitismo del pensamiento único, de la imposición ideológica, del dogma.  Rechaza toda afirmación dogmática, nos adelanta el primer artículo de la Constitución del Gran Oriente de Francia.

El Gran Oriente, por ejemplo, es en sí mismo un rico mosaico de sensibilidades y opciones rituales y existenciales: Logias del RER que fraternalmente conviven con otras de RF, de RAPMM, de REAA, de OITAR… Porque lo importante es la Francmasonería y su proyecto de armonía universal, con una herramienta ritual de trabajo, que es decidida, en cada caso, y adoptada por cada Taller, según se adecue al proyecto trazado por sus miembros en el momento de la fundación.

Somos ciudadanos constructores. Nos construimos por dentro, por vía de iniciación (masónica, no de otra índole, por respetable que pueda ser), y construimos dentro del templo masónico, sí. Y también construimos extramuros de nuestros Talleres. Esta es la idea fuerza de quienes trabajamos masónicamente en Rito Frances, pues el Templo está fuera, atravesando las puertas de Occidente, en la calle. El Taller, situado en el porche del Templo –somos arquitectos, obreros, no levitas- usa y custodia las herramientas simbólicas y los materiales didácticos y dialécticos que servirán para la edificación. Pero el Taller no es un fin en sí mismo, sino un medio –constitutivo- para levantar el Templo de la humanidad.

¿Escuela de formación del ciudadano? Está claro que la masonería lo es. Y una escuela superior, de formación integral de un ciudadano que es un iniciado y que tiene que llegar, en la culminación del proceso, a ser masón. Al masón le caracteriza la masonería, no un sentido vago y espiritualista (espiritual sí) de iniciación.

¿Escuela iniciática? Está claro que la masonería lo es. Y una escuela iniciática superior, que entiende la iniciación globalmente, con sus dos fuerzas, centrípeta y centrífuga. La iniciación, sin la versión ad extra, al combate, a la lucha, a la construcción social,  es totalmente legítima, pero no es masónica. La lucha, el combate, la construcción social, sin espiritualidad sería legítima, pero tampoco es masónica. Esto es algo que captamos todos los masones: ¿no pretendemos, acaso, mejorarnos y mejorar material, intelectual y socialmente a toda la humanidad?

Así lo entiendo yo. Por supuesto, esto no es dogma de fe.

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Archivado bajo Francmasonería, Gran Oriente de Francia

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