Por vía de indiscreción

Al final del prefacio a su obra La symbolique maçonnique, Jules Boucher se cura en salud: “Puede que los masones nos reprochen haber entregado nuestros “secretos” a los profanos. ¡Tranquilícense! Esos supuestos secretos han sido revelados muchas veces, y quienes se burlaban de nuestras “mascaradas” se verán absolutamente obligados, si leen este libro, a rectificar su opinión”.

Parece, pues, esta la tesis: mostrar o revelar los “secretos” masónicos contribuirá a que el mundo profano descubra que lo que hacemos en nuestras logias no es una mascarada, una –perdón- frikada, sino algo distinto… serio. El gran divulgador, con todos los respetos, no estuvo del todo acertado.

Ciertamente, Boucher, en la que tal vez sea su obra más reeditada y leída, no es que revele mucho ni poco; al menos, no en el mismo sentido en que lo hicieron las antiguas “divulgaciones” que, en mantillas aún la moderna francmasonería especulativa, mostraron al -¿gran?- público lo que aquellos antecesores nuestros llevaban a cabo en sus talleres. Dichas obritas constituyen, hoy día, para los historiadores de la Orden, una fuente privilegiada de historiografía masónica. No obstante, no es esa la cuestión de este post.

Me explico.

En una reciente publicación histórico-ritual en castellano (destinada a un público amplio, no sólo a masones), sus autores y editores, sin despeinarse, no sólo no se contentan con ofrecer una interpretación histórica más o menos acertada o razonada del rito objeto de sus desvelos –cosa a todas luces encomiable-, sino que, además y para asombro y estupefacción de muchos, revelan puestas al Orden, palabras sagradas, de paso, claves posturales, etc, con abundante documentación fotográfica (supongo que para ilustrar y despejar cualquier duda) sobre las mismas. ¿Con qué objeto? ¿Para divulgación y conocimiento del “gran público” interesado en la francmasonería? Sinceramente, no creo que masones divulgando posturas y palabras que se emplean en la intimidad de los talleres, estén contribuyendo ni al mejoramiento de la humanidad ni al mayor conocimiento de la Orden Masónica. Puesto que la sensación que tiene un profano al ver ciertas estampas y posturas es de… ¡vaya hatajo de frikis puebla las praderas masónicas! De manera que dichas publicaciones logran lo contrario de lo que presuntamente pretenden.

Al mejor conocimiento de la Orden Masónica contribuyen, efectivamente, los estudios históricos, sociológicos, antropológicos, fenomenológicos y rituales hechos con seriedad y rigor, sí, pero desde luego no las indiscreciones ni, si me apuran, el perjurio. ¿No son, acaso, perjuros quienes, habiendo jurado o prometido silencio sobre lo que se desarrolla en los templos masónicos, se dedican a progaparlo y desvelarlo?

Insisto en que la sociedad general tiene derecho a conocernos, y nosotros los masones tenemos derecho a ser conocidos. Pero también tenemos derecho a nuestra intimidad, a lo que llamamos trabajar tranquila y libremente a cubierto. De este modo, divulgar las intimidades de nuestras reuniones rituales sólo contribuye al morbo y aumenta el desconocimiento. Claro que, acaso, puede haber otros intereses, tan espurios como ajenos a la Orden, cuando unos cuantos entusiastas se lanzan a publicar y publicar, olvidando que prometieron –y, por tanto, deben- discreción.

Internet está plagada de acrónimos masónicos, de claves proclamadas a los cuatro vientos, y más, publicadas por masones –y profanos que se hacen pasar por masones- que tal vez hayan olvidado que la discreción –no el secretismo, pues son dos realidades diferentes- es garantía de libertad e intimidad.

Las realidades iniciáticas se transmiten en masonería por vía de iniciación, no de indiscreción; ésta, y el perjurio que escandalosamente la exorna, sólo contribuyen al morbo y a la leyenda negra antimasónica.

Lo que hay que transmitir, lo que es importante para toda la sociedad, son los vínculos fraternales que nos unen a los francmasones de todo el globo, difundiéndolos por el ejemplo, la palabra y los escritos. A esto nos comprometemos desde nuestra recepción, sin violar la discreción masónica.

He entrado aquí libremente, contando con la intimidad como elemento esencial, y necesito y deseo que ésta se siga respetando.

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2 Respuestas a “Por vía de indiscreción

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