Obreros contentos y satisfechos

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El trabajo masónico se vehicula mediante una gestualidad establecida que nos viene de lejos, siguiendo determinados ritmos y cadencias de silencios y palabras, pautados por unas cadencias musicales (la Columna de Armonía), contrapuntados por golpes, sonidos, luces… es decir: los masones trabajamos ritualmente, nuestras reuniones son rituales. El Rito es el pentagrama (¿o tetragrama?) en el que nuestros trabajos viven, se desarrollan, toman fuerza y vigor, se abren, se cierran. El Rito es la herramientade trabajo que utilizamos en la construcción, en este peculiar laboratorio de ideas y acciones que es la Logia. Es la simulación con la que edificamos de verdad.

Numerosas personas acuden, llaman a las puertas del Templo masónico, atraídas por esta característica: el trabajo ritual. Es, tal vez, nuestra seña más distintiva de cara al exterior. Ahora bien, no siempre se interpreta rectamente, masónicamente, lo que significan estas dos palabras: “trabajo ritual”.

Con harta frecuencia, los mismos masones corremos el riesgo de talibanizar –con perdón- el conjunto de nuestras acciones rituales, confiriéndoles, artificiosamente, un carácter no ya sagrado –lo que tendría diversificadas lecturas- sino religioso, o para-religioso, con una religiosidad rayana en cierta concepción mágica. Y rito masónico no es rito religioso, ni mágico.

De este modo, en cada Tenida masónica puede haber Hermanos o Hermanas que busquen sentir; y que, si no han sentido nada, consideren que el Trabajo de ese día ha sido un fracaso o que ellos lo han hecho mal.

Pero en Masonería no buscamos eso, sentir; en Masonería buscamos construir: el Templo de la Humanidad, una sociedad nueva, diferente, fraterna, libre, igualitaria. En Masonería no hay magia, hay encanto. El trabajo ritual masónico cautiva, con el gusto por construir, con el contento y la satisfacción por el trabajo hecho, bien hecho. Los masones somos constructores profesionales, no “sentidores” profesionales. Sentimos, sí, es obvio, legítimo y deseable; pero no es el sentir lo que nos guía y encamina hacia el Taller. Hay intimidad, no mero intimismo. No buscamos sentir, buscamos construir; y, en la construcción, disfrutamos, nos sentimos satisfechos… sí, sentimos.

Parafraseando a Paul Valéry, bien podemos decir que “sentimos si construimos”.

El Rito es la herramienta que nos permite edificar el Templo. Nos declaramos contentos y satisfechos. Pero no buscamos el contento y la satisfacción en sí mismos, por el mero deseo hedonista de obtener contento y satisfacción.

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