“Latomofobia”: fobia a los masones

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Unos cuantos meses antes de ser recibido Francmasón, quedé con una gran amiga para tomar algo. Yo estaba muy contento por haber sido aceptado y tener en el horizonte de mi vida mi próxima iniciación y –pensé- qué mejor que compartir esta alegría con mi amiga. Quedamos en uno de nuestros cafés de cabecera, en Malasaña. Allí, en esa bulliciosa y -paradójicamente- íntima atmósfera mágica propiciada por el tintineo de cucharillas, vasos y voces, le comenté, con toda la ilusión del mundo: “¡Me han admitido en una Logia masónica y en breve seré iniciado!”. ¡Madre mía, la que me montó!

Mi amiga no es –ni de lejos- sospechosa de ser uno de esos fachas indocumentados y desinformados que, en su ignorancia, vilipendian todo lo que les suene a pensamiento libre. Por el contrario, es una persona cultivada y culta, soberanamente libre, apóstata por más señas (se entenderá por qué facilito este dato; obviamente, no por fobia a la religión); durante décadas ha sido profesora universitaria, es lectora infatigable de los clásicos y recita Calderón, Shakespeare y Homero de memoria. Mi amiga es, además, una vieja luchadora, militante antifranquista y –por si fuera poco- libertaria.

Su reacción, no obstante, no deja lugar a dudas acerca del peso que el fascismo patrio sigue teniendo en España, aún en las mentes más liberadas de su yugo y sus… flechas.

Me miró a los ojos con aire de suma preocupación, dejó caer el cigarro en el plato del café y exclamó: “¡Por Dios, cómo se te ocurre, vas a hacer un pacto con el diablo!”. Con un diablo en el que ella no cree, del que se ríe.

Han pasado los años, los grados, las conversaciones y los cafés. Ahora, mi amiga ya ve las cosas de otro modo en lo que respecta a la Francmasonería.

Sin embargo, en aquel momento, me dijo lo que me dijo.

Efectivamente, el franquismo sociológico –enfermedad mental de una sociedad, la española, que pugna por liberarse totalmente- continúa denostando a la Orden que el genocida Franco, con todas sus fuerzas, trató de aniquilar.

Me ha recordado la conversación con mi amiga un post del Blog Maçonnique de Jiri Pragman, que, con el título Traitement de la latomophobie (no existe en el DRAE la voz “latomofobia”), se refiere no ya a la anti masonería, sino, yendo más allá, a la fobia hacia los masones.  

La “latomofobia” –asegura Pragman- “no figura en las habituales listas de fobias. Sin embargo, como en el caso de otras fobias, esta latomofobia entraña verdaderos sufrimientos psíquicos. En algunos casos, el adulto (esta fobia no se da, evidentemente, entre los niños) puede ver su actividad profesional obstaculizada por este miedo/odio a los Francmasones, que habrían supuestamente invadido su esfera de trabajo”.

Continúa el Blog Maçonnique diciendo que un equipo de la Universidad Libre de Bruselas se ha interesado por este problema, relacionándolo con las diferentes terapias del comportamiento.

Esto sucede… en Bélgica, país con muchísimos masones por centímetro cuadrado.

En España, la cosa es más garbancera. ¿Cuándo una universidad hará lo que la ULB? ¿Cuándo se facilitarán terapias de comportamiento “latomofóbico”, con las que puedan ser tratados tantos y tantas “latomófobos”? ¿Es un sueño?

Poco a poco, lentos pero seguros, nos encaminamos hacia una efectiva normalización.

“Los obreros no aspiran al reposo”. 


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