La Francmasonería, en las cartas de María Antonieta

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Dos cartas –fragmentos- de María Antonieta integran este post. Por un lado, como se puede ver, la reina de Francia quita importancia a cierta fama de secretismo que adquiría la francmasonería especulativa en Europa; por otro, quita importancia –iniciática, espiritual, histórica…- a la Francmasonería misma. Quizá mejor que cualquier comentario sea leer ambos documentos que, en cualquier caso, pueden hacernos sonreír, cuando no reír.

Carta de la reina María Antonieta a su hermana María Cristina, 26 de febrero de 1781.

“Creo que os preocupáis demasiado de la Francmasonería por lo que se refiere a Francia; está lejos de tener la importancia que puede tener en otras partes de Europa, porque todo el mundo está en ella; se sabe así todo lo que pasa en ella: ¿dónde está el peligro?

Habría razón para alarmarse si fuera una sociedad secreta política; el arte del Gobierno es, por el contrario, dejar que se extienda, y no es más que lo que es en realidad, una sociedad de beneficencia y de recreo; en ella se come mucho, se habla y se canta, lo que hace decir al Rey que quienes cantan y beben no conspiran; no se trata, de ningún modo, de una asociación de ateos declarados, ya que –me lo han dicho- Dios está en boca de todos; se hace mucha caridad, protegen a los hijos de sus miembros pobre y fallecidos, casan a sus hijas, no hay ningún mal en esto.

Días atrás, la princesa de Lamballe ha sido nombrada Gran Maestra de una Logia.

Ella me cuenta todas las cosas bonitas que le dijeron, pero se vaciaron muchas copas mientras se cantaban coplas; próximamente tienen que preparar la dote para dos muchachas; creo, después de todo, que se podría hacer el bien sin tanta ceremonia, pero hay que dejar que cada uno lo haga a su manera; ¡mientras se haga el bien, qué importa!

Un abrazo de hermana”.

Carta de la reina María Antonieta a la princesa de Lamballe, 1781.

“Veo que siempre me queréis, mi querida Lamballe, y vuestra amable carta me da un gusto que no sabría expresaros. Cuando volváis y retoméis vuestro cargo, acabaremos todo lo que se refiere a las obras de beneficencia que me corresponden.

He leído con interés lo que se hace en las Logias francmasónicas que habéis presidido a principios de año, y me he divertido mucho.

Veo que lo único que se hace es cantar bonitas canciones y que también se hace el bien. Vuestras Logias están pendientes de las desgracias, liberando prisioneros y casando chicas; esto no será obstáculo para que dotemos a las nuestras y coloquemos a los chicos que están en nuestra lista".


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