Aprendizaje masónico: instrucción, imitación

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Un muy lúcido post de  Jean-Michel Muglioni en el blog Mezetulle de Catherine Kientzler me despierta, en uno de sus párrafos, una reflexión acerca del Aprendizaje Masónico. El texto en cuestión, que traduzco, es el siguiente:

Dos formas de aprender: instrucción e imitación

La pertenencia a un entorno “enseña” a vivir de cierta manera, a sentir determinados sentimientos, a representarse el mundo de cierta forma, etc. “Aprender”, pues, no necesita examen. Se imita, de deja uno impregnar. La maleabilidad de los hombres es admirable. Así se adquiere un acento provenzal o lorenés. La aritmética elemental se aprende de otra forma. No basta con respirar el aire de su entorno: hay que comprender, examinar, querer. El aprendizaje de la lengua no se reduce a la imitación del acento, sino que supone comprender lo que se dice. En esto coincide con el aprendizaje de la aritmética. Pero cuando hay que admitir representaciones a las que se olvida hacer una crítica, es análogo a la adquisición de un acento. Así, se instalan en cada uno pensamientos que no ha pensado, inextricablemente mezclados con los verdaderos pensamientos de uno. Un espíritu libre separa en sí mismo lo que le viene de la instrucción o de la imitación.”

¿De qué se trata, cuando hablamos de Aprendizaje Masónico? ¿Es fruto de instrucción, o de imitación? ¿O de ambas cosas?

Los Hermanos y Hermanas Aprendices llegan, captan un entorno, respiran el aire de la Logia y, simbióticamente, nutren al Taller de su propio aire vital. La Logia hace al Aprendiz, el Aprendiz hace a la Logia.

Ciertamente, es muy importante la instrucción de Aprendices en un Taller masónico. De hecho, yo diría que, sin ella, el futuro de la Logia es cuestión de “suerte”… Y no se puede confiar al azar el Aprendizaje. La Logia ha de instruir; así, ella misma aprenderá a ser Logia masónica. Hay quienes se manifiestan contrarios a la instrucción, pero es, seguramente, por confundirla con adoctrinamiento. Y en Masonería hay de aquélla, pero no de éste. No adoctrinamos, instruimos.

Sin olvidar que cada Aprendiz mira, ve, imita el hacer masónico de sus Maestros de la Logia, con la exigencia ética que esto –para los Maestros- trae consigo.

Luego, cada Aprendiz captará el peculiar “acento” con el que su Taller habla el “idioma” masónico. Y de la multiplicidad de acentos, con una sola lengua, resulta esa riqueza que convierte a la Francmasonería en Centro de Unión.

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