¡Eso no es de tu grado!

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¡A quién no le han largado, más de una vez, el consabido y consuetudinario “eso no es de tu grado”!

Uno de los rasgos distintivos de la Francmasonería es, ciertamente, su carácter progresivo, gradual: cada grado masónico se corresponde con un nivel de conocimiento y acción simbólicos, de manera que se vayan construyendo armoniosamente el edificio personal y la misma Logia, asentándose los cimientos y conocimientos, sobre todo el autoconocimiento. Por otro lado, a cada uno de los tres grados masónicos le corresponde el uso de determinadas herramientas e instrumentos simbólicos, y sería impensable que, sin cierta destreza –por ejemplo- en el manejo de mazo y cincel, se quisiera usar herramientas que suponen y requieren de cierto desbaste de la piedra bruta. Por tanto, hay cosas que, efectivamente, justifican el empleo de la antedicha expresión. Algo de agradecer, pues de este modo la Orden refleja el exquisito respeto que le merece cada Hermano y Hermana, su personal ritmo, su propio proceso y progreso.

No obstante, no conviene abusar de la expresión. Y, desde luego, no debe usarse indiscriminadamente ni jugar con ella, pues el conocimiento es “sagrado”.

Miedo me da cuando hay masones de diferentes grados, Talleres y Obediencias que trabajan juntos profanamente; porque, más temprano que tarde, hay autoerigidos Segundos Vigilantes –no necesariamente de su grado…- que, entre bromas y veras, hacen gala de tan profundo desconocimiento como indiscreción, así como de un olímpico desaprecio del proceso personal que sobre todo Hermanos Aprendices están viviendo. Y estos autoproclamados Segundos Vigilantes se lanzan a la piscina del adoctrinamiento, del chisme, del jugar a las casitas masónicas. ¿Masones o frikis? Averígüelo Vargas.

Cuando se comprende y vive la Francmasonería como Orden iniciática y no como club social de señorones o señoronas, cada uno respeta al otro y no juega con él, no alardea de conocer ciertos misterios y “secretos” que, más bien, son secretillos de pacotilla. El verdadero misterio, el auténtico secreto, está dentro de cada persona, y es inefable, no es del grado de nadie y es del grado de todos, si esa persona desea, libremente, compartirlo.

Me gustaría acabar esta reflexión con un texto de Daniel Beresniak, en su libro “Los Oficios y los Oficiales de la Logia”:

“El Segundo Vigilante debe alentar la curiosidad y la investigación, debe suscitar preguntas, debe responder si puede hacerlo bien y decir cuando no pueda responder. En ningún caso debe hacer trampa; y el peor y más lamentable engaño que puede hacérsele a un joven Masón que plantea una pregunta, es decirle: "Ese no es un tema de tu edad; espera, que luego lo sabrás". Un Maestro que hable así debería ser despojado en el acto de su mandil. No es más que un profano con mandil. Es por culpa de semejantes Maestros que las Logias Masónicas vegetan en la mediocridad”.

¿Ser, o no ser? ¡He aquí el dilema! Al grado, con agrado.


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