Rito Masónico y sacramentos

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Nos iniciamos, somos recibidos Aprendices en un Taller masónico y, desde el principio, hay algo que nos cautiva en la manera de trabajar de la Logia: una atmósfera, una gestualidad… armonía, belleza, paz. Además de los diálogos o debates, de la mayor o menor riqueza y fuerza en la exposición y tratamiento de los distintos temas, algo nos engancha vitalmente. ¿De qué se trata?

Algo innegable hay en Francmasonería, y es que produce determinados efectos, también éticos, que de algún modo confiere a quienes la trabajan sinceramente y en profundidad cierto estilo personal, les… cambia. ¿Por qué? Por diversas razones.

No, desde luego, porque la Francmasonería sea una religión ni parangonable a las religiones. Los Francmasones y Francmasonas pueden –o no- ser personas religiosas, eso en nada estorba los avances del método masónico. Pero ni la Masonería es religión ni los ritos masónicos son ritos religiosos ni son sacramentos.

Acudamos a la religión mayoritaria en nuestro país, el catolicismo, para abordar la cuestión.

Hay en la religión católica dos clases de ritos básicos: sacramentos y sacramentales. El sacramento se define como signo sensible que significa y causa la gracia divina, ex opere operato, es decir, por la propia virtualidad del rito. Me explico: independientemente de lo bien o lo mal que se celebre, de la brillantez u opacidad, de la gana o la desgana del ministro celebrante, el sacramento produce inevitablemente los mismos efectos, pues su protagonista no sería el hombre, sino un agente externo.

El sacramental se diferencia del sacramento en que aquél viene definido como signo sensible que significa –pero no causa- la gracia divina, opus operantis, esto es, por el trabajo y el buen hacer de quienes los emplean. El sacramental cumplirá su función si quien lo celebra o administra lo hace bien. En esta primera aproximación, el rito masónico se acerca a la noción de sacramental, en ningún caso a la de sacramento, pues toda virtualidad es interna, no externa.  

Los ritos masónicos son sensibles: signos, herramientas que llaman, primeramente, nuestra atención y de los que, con el correr del tiempo, vamos interiorizando su significado, su fuerza expresiva, su jugo. Por sí mismos, estos signos sensibles no producen ni causan nada, no son sacramentos, no poseen potencia ni magia alguna, ninguna sacralidad. Llaman nuestra atención, asimilamos sus características semánticas, los usamos como herramientas. No son adorados ni reverenciados, sino utilizados. No se adora o reverencia un martillo o un cincel, se les usa, son herramientas. En Masonería no hay sagrario para guardar especies sagradas, hay caja de herramientas. El respeto, la reverencia, son debidos a la persona que es susceptible de ser obrero, piedra y Templo.


Así de sencillo, pero… hay más, mucho más, la posibilidad de cuyo conocimiento únicamente se brinda a quien se inicia y es recibido en nuestros augustos misterios. No es secreto, es inefable.


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