Masonería: los secretos del oficio

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En demasiadas ocasiones, hablando de Masonería, se confunden los términos; por ejemplo, secreto y discreto. Y, dentro del secreto, se confunden singular y plural: no es lo mismo hablar del secreto masónico –algo que pertenece a la esfera personal, es más, íntima de cada Francmasón- que de los secretos del oficio, esos que, para los antiguos masones operativos, eran inviolables, ya que dependía de ellos la supervivencia, prosperidad y desarrollo de su antigua cofradía. Como debe ser, también para los modernos masones especulativos, puesto que la revelación de los secretos del oficio no beneficia ni ayuda a la sociedad profana; únicamente pudiera servir para alimentar cierto morbo con el que determinados mentirosos (César Vidal, Ricardo de la Cierva y otros falsos historiadores de su calaña), interesados en enlodar a la Orden para forrarse a su costa, continúan pariendo y vendiendo libelos. Con su pan se lo coman.

La Francmasonería no es una sociedad secreta, esto es claro: las asociaciones masónicas se encuentran –por ejemplo, en España- perfecta y diáfanamente registradas, legal y jurídicamente. Sin embargo, sí cuenta con determinados secretos del oficio: signos, prácticas, palabras, saludos, etc; mediante estos, los francmasones nos relacionamos entre nosotros, dentro y fuera de nuestras Tenidas o reuniones, y sirven exclusivamente para eso, relacionarnos ad intra. Se transmiten mediante iniciación y únicamente se captan su sentido y utilidad por esta vía. Dicho de otro modo: la sociedad no necesita de estos signos, prácticas, palabras, saludos, etc, ni tampoco le ayudaría tener conocimiento de ellos, más allá del divertimento de un juego de rol o de alimentar determinados espíritus frikis.

La Constitución del Gran Oriente de Francia, por ejemplo, en su artículo segundo, es clara al respecto: “La Francmasonería tiene como deber transmitir a todos los miembros de la Humanidad los vínculos fraternales que unen a los Francmasones por la superficie del globo. Recomienda a sus adeptos la difusión por el ejemplo, la palabra y los escritos, sin violar el secreto masónico”. De este modo, lo que interesa a la sociedad y a la humanidad en general es la fraternidad, no las maneras concretas en que los francmasones, según nuestros usos y costumbres, la vivimos en nuestros Talleres, ya que esto pertenece a nuestra intimidad, que ha de ser inviolable. Lo que importa es que la construcción del Templo progrese; lo de menos es el modo en que lo haga… eso forma parte de los secretos del oficio.

Al cerrar los trabajos de cada Tenida en Rito Francés, todos nos comprometemos a observar dicha discreción, orientada no a ningún absurdo contubernio, sino a nuestra propia paz y estabilidad.

Por ello, me sorprende desagradablemente el uso público, incluso el abuso, por parte de algunos Hermanos y Hermanas, en internet, de abreviaturas, acrónimos y términos específicamente fraternos y rituales que, si bien al mundo profano (el término no es en absoluto despectivo, sino indicativo: pro-fano es quien está fuera del templo, o frente a él) podrían hacerle cierta gracia o aportarle determinado morbillo, no le sirven absolutamente para nada.

Se podría argumentar: ¡pero es que en internet está todo: palabras, signos, toques, prácticas, saludos, rituales…! Así que para qué callar…

¡Pero es que en internet no está todo! ¡Pero es que eso no es todo! Está la cáscara de la nuez; pero el meollo, lo que alimenta y da sabor y energías vitales, se encuentra dentro. Se tiene acceso al núcleo rompiendo la cáscara, que solamente tiene posibilidad de quebrarse por vía de iniciación. A golpe de mallete.

No soy ni exclusivista ni excluyente, quede esto claro. No obstante, son ganas de marear la perdiz y de contribuir a la mala información de hecho existente sobre la Orden –luego, vamos y nos quejamos…- el sembrar internet de palabras, signos, prácticas, saludos masónicos fuera de su contexto, que es la Logia, el Taller, el Templo masónico. Con su manifestación pública no se consigue informar sino desinformar sobre la Orden, dando un sesgo descontextualizado a sus prácticas, palabras y ritos. Lo propio ocurrió, en los orígenes del cristianismo, con sus prácticas eucarístico-simbólicas, por las que los paleocristianos fueron incluso acusados de antropofagia.

Desde este blog hago un llamamiento a la discreción, algo tan diametralmente opuesto al secretismo como el tocino al pepino.

Retirémonos en paz, bajo la ley del silencio.

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3 comentarios

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3 Respuestas a “Masonería: los secretos del oficio

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  3. Anónimo

    Me parece muy correcta tu contesacion al respecto:.

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