Marqués de Sade: ¿fué masón?

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¿Fue Francmasón el marqués de Sade? Se hace tan singular pregunta el tan singular –en tantos sentidos- Jean Van Win, autor de Sade, philosope et pseudo franc-maçon?,publicado por Editions de la Hutte y que –a Donatien Alphonse François pongo por testigo-, terminaré como empecé: saciando otro poco mi hambre de conocimiento, luz y… divertimento; pues divertido y entretenido es, como pocos, el librito.

Con su peculiar estilo –de vuelta de muchas historias-, Van Win canta las cuarenta a las leyendas urbanas, a las –para él- falsas ideas, a vicios difundidos por cierta incierta rumorología masónica –o no tanto- que hubiera convertido en masones al padre Adán y a la madre Eva… de haber existido; a Dios y cualquiera de los millones de dioses, de haber… insistido.

Van Win es Van Win: personal, intransferible, como las vacaciones, pero más. Dejemos hablar al editor, en la presentación de la obra:

“Tendencia. Sade es hoy tendencia. “Hay que” haber leído a Sade; “hay que” dar una opinión, matizada pero informada, sobre Justina, Julieta y, sobre todo, sobre el insoportable y nauseabundo “Los cien días de Sodoma”, para situar a este antiguo escritor maldito como una de las estrellas ascendentes de la libertad incondicional e ilimitada de las costumbres contemporáneas. Del yo absoluto. Del individualismo exacerbado y divinizado del “divino” marqués.

Potentado local bajo la monarquía absoluta –y veremos hasta qué punto abusa de sus privilegios-, su existencia se despliega en una sociedad que va a bascular estrepitosamente de una quietud generalmente convencional a una tormenta frenética, para llegar a situarse  bajo el cabestro y las espuelas del despotismo imperial.

La sociedad francesa de la época es más que nada católica, a pesar de muestras nada despreciables de protestantes, libertinos irreligiosos, incluso raramente de ateos, que permanecerán tímidamente en la sombra hasta finales de siglo.

Se ha dicho: Sade, francmasón. Se ha repetido, se ha sobreabundado. ¿Qué clase de francmasón podía ser, en una institución del mejor tono, compuesta esencialmente –aunque no exclusivamente- de aristócratas, burgueses, eclesiásticos, artistas y sabios, en su mayoría sumisos hijos de la Iglesia y, también en su mayoría, muy poco aficionados –salvo excepciones- a debates filosóficos y metafísicos?

He aquí, pues, el primer estudio exhaustivo sobre las relaciones entre el marqués de Sade, considerado iniciado, y la Francmasonería. Jean Van Win nació en 1935 en Bruselas. Consagra su tiempo a la escritura y la crítica histórica, analizando especialmente diversos mitos masónicos nacidos en el siglo XVIII en Francia y en Bélgica. Ha publicado, entre otras obras, Mais qui a tué Mozart? (Pero, ¿quién mató a Mozart?), gran éxito editorial (Eder), y Contre Guénon (Contra Guénon), en Editions de la Hutte.

Capítulos del libro:

1: La Francmasonería católica del siglo XVIII.

2: El ateísmo en Logia: surgimiento y evolución.

3: El marqués de Sade: ¿filósofo y francmasón?

4: Evolución de los rituales de la masonería francesa después de la Revolución.

5: La Francmasonería murió en 1789.”

Provocador… ¿usted cree? En todo caso, también constructor, pues la provocación construye más de lo que destruye. O no.


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