Fraternidad y amistad

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Mis hermanos me vinieron dados por el vientre de mi madre, la vida no me dio opción para elegirlos, se es hermano por nacimiento. En mi caso, ha concurrido la feliz circunstancia de que, además de hermanos, somos amigos, nos llevamos muy bien, compartimos algo más que sangre: momentos, situaciones felices o preocupantes, vida.

Pero conozco otras familias en las que los hermanos se llevan mal, en algunas incluso se llevan a matar. No se hablan, no se miran, se hacen múltiples jugarretas y trastadas… Son familia, sí, lo son, pero… ¡menuda familia!

Mis amigos y amigas los he elegido yo y, en esa maravillosa reciprocidad propia de la amistad, me han elegido ellos a mí. Somos, en gran medida, familia espiritual, compartimos la vida: inquietudes, gozos, logros, incluso compartimos la ilusión por aquello que no pudo ser.

Ocurre algo análogo en Francmasonería.

Mis Hermanos y Hermanas me vienen dados por el vientre materno simbólico: la Logia. La iniciación no te brinda la posibilidad de elegir, es más bien resultado de haber sido tú elegido, aceptado, tras concienzuda aplomación. Los que van a ser tus Hermanos y Hermanas te han elegido; tú no les conocías, tú elegiste un Taller al que concediste la oportunidad de calibrarte y elegirte.

Lo ideal es que de esa Fraternidad de “sangre”, simbólica, se pase a esa otra Fraternidad más profunda, más espiritual, más real llamada Amistad.

Simbólicamente lo expresa muy bellamente el ritual de Recepción al grado de Aprendiz, que culmina en la Amistad y en el apoyo mutuo propio de la misma.

Una Amistad sin la cual determinada concepción de fraternidad sería mera complicidad entre componentes de una banda.

Y no somos banda, somos Logia.

No hace mucho, me abrazó -a contrapelo y por sorpresa- un Hermano al que no puedo, lamentablemente, considerar mi amigo, pues aprovecha cualquier tesitura para ponerme a caldo, para calumniarme incluso, para zancadillearme y hacerme morder el polvo. Me tuve que sobreponer: no somos amigos -desconozco si algún día lo seremos-, pero sí Hermanos y hay que superar, como tales, en el parvis del Templo, ciertas actitudes primarias, deponer metales… Es algo más profundo que el perdón, pues éste es también recíproco, mientras que la deposición de metales puede ser unilateral.

Estas situaciones, que sí se dan en Francmasonería -esto ni es Jauja ni quiere serlo-, forman parte de esa profunda escuela espiritual que son la Orden y su método. ¿Que es mejor que no sucedan? ¡Por descontado! Pero, toda vez que sí suceden, es mejor aprovecharlas iniciáticamente. 

Y no somos banda, somos Logia.



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