Francmasones y piedra franca

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Releyendo, en el post de ayer, el artículo primero de la Constitución del GODF –el mismo que, Tenida tras Tenida, escuchamos en la apertura de Trabajos-, me volví a parar en las breves líneas que explicitan los afanes de la Orden Masónica: “trabaja por el mejoramiento material y moral, y el perfeccionamiento intelectual y social de la Humanidad”.

Estas palabras parten –me parece- de un presupuesto base: el ser humano puede mejorar, los seres humanos podemos cambiar. Si esto no fuera así, ¿tendría sentido la Francmasonería? Si el hombre va a ser siempre un lobo para el hombre, ¿qué hacemos aquí, calentándonos los cascos, gastando un dinero, experimentando unas preocupaciones y alentando unas esperanzas que bien –que mal- pudieran resultar, finalmente, vanas? ¿Podemos cambiar?

Yo no voy a responder, me daré por satisfecho con que cada uno se haga la pregunta, lo cual no es poco. Ojalá o, como dicen popularmente, ajolá.

Francmasones y Francmasonas, canteros libres –francos-, constructores libres, trabajan no cualquier piedra, sino la piedra franca, aquélla que, por su estructura molecular, por su tenacidad y dureza, es susceptible de talla, de cierto pulimento y, también, de aguantar el peso y la masa de un edificio de cierta altura. Otras piedras, las que valen para cascote, son material del trabajo de otros; las preciosas son más de joyeros que de Masones.

Piedra franca… ni tan dura que quiebre el cincel, ni tan blanda que se desborone como cuando se deshace un terrón entre los dedos.

Si no cree que la piedra pueda cambiar –me dijo alguien hace años- ¿qué pinta uno en Francmasonería?

¿Puede la piedra cambiar, mutar, dejar de ser de una composición y calidad para ser de otras? ¿Masonería o alquimia? ¿Es competencia nuestra?

Cada piedra vale para un propósito u obra diferente. No todas sirven para levantar paredes, ni para cimentación, ni para… ¿Valen, sirven todas para construir? Muchas preguntas son estas. Una más: ¿hay piedras desechables para esta obra?  

Muy tenaz, quiebra el cincel; muy blanda, se quiebra ella.

La Francmasonería trabaja con piedra franca, que es como es: malísima para joyería, pero idónea para levantar un Templo.

Algo análogo pasa con las personas: las hay de diversa estructura moral, composición ética, sensibilidad, dureza o tenacidad… Mediante cierto método y entrenamiento, podemos –como la piedra franca- desbastarnos, eliminar aquella esquirla que dificulta nuestro encaje social… Pero la piedra es la misma, su estructura no cambia.

¿En Francmasonería? Angelismos y buenismos aparte: ni tan dura que quiebre el cincel, ni tan blanda que se quiebre ella.

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