El sueño de Polífilo

https://ritofrancesmoderno.files.wordpress.com/2011/06/hypne2pg.jpg?w=300

Conocía la Hypnerotomachia Poliphili, “El sueño de Polífilo”, por referencias de autores masónicos como Roger Dachez y otros, de reconocida solvencia histórica, que presentan esta singular –tan extensa- obra como una de las que introdujeron en la Europa continental, desde el siglo XVII, el gusto por la especulación siguiendo modelos arquitectónicos y, en consecuencia, la Francmasonería especulativa.

Lo último que leí antes de encontrar la primera –buenísima- traducción española de la Hypnerotomachia (a cargo de Pilar Pedraza, publicada por Acantilado) ha sido “El sueño de Polifilo. Arquitectura, matemáticas y el hombre vitruviano”, breve pero intensa reseña de J. Rafael Martínez E. Después, me he comprado el libro –766 páginas- y me he puesto a leerlo.

La verdad es que su cáscara es de novelón almibarado pero se capta su verdadera esencia desde las primeras páginas y se siente el lector atraído por las pinceladas de arquitectura que el autor (Francesco Colonna o quien sea…) ofrece, tan caras al pensamiento y las formas masónicas.

Se puede decir que “El sueño de Polífilo” conserva fresco su núcleo y que, para acceder a éste, hay que desbrozar almíbares, frondas cuatrocentistas y gustos pretéritos. Me está encantando. Ofrezco algunas perlas:

“Mira las figuras y su hermosa geometría y los muchos signos con sus medidas”.

“Sus sillares cúbicos y rectangulares estaban unidos sin cemento y dispuestos y colocados con perfecta igualdad, tan pulidos y señalados de rojo sus bordes que nada más perfecto podría haberse hecho, en tanto que entre las junturas no habría podido penetrar el objeto más sutil y afilado”.

“El gran cuidado y la exquisita diligencia del arquitecto”.

“¿Dónde nació tanta audacia y tan ardiente deseo de juntar y amontonar piedras en semejante montón, cúmulo y altura?”

“La virtud y la felicidad consisten en la justa medida”.

“A uno y otro lado del espacio que ella ocupaba, con dos pasos de intervalo, se alzaban orgullosamente dos grandes y soberbias columnas”.

“La finalidad propia de la arquitectura es la consecución de la armonía de lo sólido del edificio. La principal regla peculiar al arquitecto es la cuadratura, que con sus pequeñísimas divisiones le permite mantener la armonía y el ritmo del edificio y distribuir en él los adornos convenientes sin dañar el conjunto”.

La Hypnerotomachia, obviamente, no descubre la pólvora; pero… se comprende que cautivara a aquellos espíritus ilustrados que, más temprano que tarde, acarrearon y colocaron los sillares de lo que hoy es la Francmasonería especulativa.


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