Aprendices: callar y tallar, sin ser inquietados

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¿Tallar o chismorrear? ¿Construir o destruir? He aquí la pregunta. Me explico.

Acabo de tomar un aperitivo con un Hermano Aprendiz. Hacía tiempo que no paladeaba un vermú tranquilamente, sin la tontería de la aceituna, sin el demonio de la prisa. Hemos hablado de mil cosas, pues son muchas las que nos unen. También, de Francmasonería.

Está contento y satisfecho con su discurrir iniciático y masónico, centrado en callar y tallar su piedra bruta para que, en el futuro, ésta se pueda ensamblar en el conjunto del edificio. Él dice que está descubriendo algo grandioso, que cada Francmasón, que cada Francmasona es, a un tiempo, obrero, piedra y templo. Obrero porque tiene la misión de desbastar una piedra bruta; piedra, porque ha de desprenderse de aquellos fragmentos y esquirlas que dificultarían su encaje en el edificio común, masónico y social; edificio, porque la persona es un proyecto, obra y cantera, aún sin terminar y, en algunos casos, todavía sin determinar.

Ha faltado -¡por fortuna!- en nuestra conversación ese cáncer que es el cotilleo. Con cierta frecuencia hay Aprendices que, en vez de ir a lo suyo –callar y tallar- se hacen indomables chafarderos de lo que se cuece –aquí y allá- en los Talleres y Obediencias. De este modo, se tropieza uno (suelen ser piedra de tropiezo) con insoportables versados en la paraciencia del chismorreo. Que si el ritual ha tenido tal y pascual defecto, que si cuando yo sea Maestro ya hablaré, ya…, que si la Gran Maestra, que si… demasiadas cosas, demasiado de profano en lo que debe cubrir y proteger la baveta alzada.

No es responsabilidad (ni culpa) de estos Aprendices, desde luego, sino de sus Maestros y de algunos Compañeros que se constituyen en tales, “catequizando” malamente a sus Hermanas y Hermanos Aprendices sobre qué es de verdad la Masonería, la Logia, la Obediencia… Desafortunadamente, fui no ha mucho tiempo testigo de los desvelos de dos Maestros y una Maestra por mostrar a un Aprendiz y a un Compañero lo perversa que es su Logia. Desafortunadamente. 

Muchos males finiquitarían en nuestros Respetables Talleres el día en que los convirtiéramos, ciertamente, en respetables; el día en que Aprendices, Compañeros y Maestros vayan a lo suyo –cada cual en su grado: iniciático, masónico, espiritual- y permitiendo que cada Hermano y Hermana pueda aprovechar el suyo propio, dejándole en paz, permitiéndole callar y tallar, lo que no es pena sino privilegio y don. 

Dejémosles trabajar, permitámosles trabajarse en el silencio, en paz. Ya tienen a su Segundo Vigilante. Cada cual a lo suyo, todos en la misma obra.


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