El ágape masónico

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El ágape masónico es la comida fraterna de los obreros del Taller, al cerrar los trabajos rituales y antes de reemprender los trabajos de fuera del Templo. Los obreros no aspiran al descanso sino que prometen continuar, fuera del mismo, la obra masónica. Por ello el ágape, continuación de la Tenida, no se asemeja a un banquete profano, mucho menos a un festín pantagruélico, en el que se cometen todo tipo de excesos. No en razón de una suerte de ascetismo descarnado, sino porque después hay que trabajar extramuros del Templo. Ningún obrero de la construcción, en día de trabajo, se hincha de tal modo que después no pueda trabajar. Tampoco, lógicamente, pasa hambre, pues no podría continuar edificando el templo de la humanidad. Un término medio es más que deseable.

El ágape ha de ser sobrio: corren malos tiempos, no sólo para la lírica, y los Hermanos y Hermanas del Taller se ven afectados. Que nunca una Hermana o un Hermano se vean privados del ágape por tener menos posibilidades económicas que el resto de la Logia, o por estar en desolación. Es de todo punto imposible que una Logia masónica permita que un Hermano parta sin haber participado en la comida de fraternidad, por no tener dinero para pagar.

La sobriedad del ágape atañe también a la bebida, que debe acompañar y alegrar el acto, pero no enturbiarlo de manera que un Hermano o una Hermana metan la pata desinhibidos por el alcohol, ebrios, y conviertan el ágape en lo que no es. Es imposible que en una Logia masónica se cometan y permitan –durante los ágapes- excesos con la bebida. Algo importante fallaría, de ocurrir así, y toda la Logia, especialmente su Veneratura, se vería cuestionada en su calidad masónica.

No conozco ningún Taller masónico en el que se produzcan excesos en los ágapes. Masónico, no.

El ágape fraterno de mi Logia, por ejemplo, es sencillo, económico y suficiente. Sobreabunda en fraternidad, diálogo y alegría. Cada miembro del Taller, durante el ágape, sabe estar y conoce que come y bebe para trabajar y anudar lazos de fraternidad, no para enfermar y hacer el ridículo, o para dar un espectáculo infamante.

Durante el paleocristianismo se produjeron muchos excesos en los ágapes eucarísticos, de tal manera que los más pudientes comían hasta reventar, y los pobres pasaban hambre.

Esto jamás ocurre en una Logia que se llame masónica. Preferible es que un Hermano se quede con algo de apetito, a que otro Hermano no pueda compartir la comida fraterna, por falta de medios económicos.

El ágape ha de dejar el corazón alegre y la cabeza serena. Más vale estómago menos repleto y fraternidad más fortalecida.

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1 comentario

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Una respuesta a “El ágape masónico

  1. Anónimo

    la austeridad y la solidaridad de un un H:.

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