¿Ratas a bordo?

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Escribía Fichte (séptima de sus Cartas a Constant) que la Logia, herramienta de perfeccionamiento personal y social, es también espejo y reflejo de humanidad y sociedad. De este modo, es normal –apunta Fichte que es, incluso, deseable- que haya de todo en un Taller masónico.

Es verdad de Pero Grullo que en Masonería también hay personas que, como mínimo, tildaríamos profanamente de impresentables. Para que ninguno desentierre el hacha de guerra: Pinochet fue masón, su Venerable Maestro fue Salvador Allende. En Masonería, en una palabra, hay también ratas.

¿Qué hacemos con las ratas?, me preguntaba esta misma tarde un Hermano. Enseguida me acordé de la historia que, ayer noche, me contaba otro Hermano:

Cuando ya el avión había alcanzado velocidad de crucero, en ese maravilloso momento en que ya tripulación y pasaje podían relajarse y disfrutar del vuelo, el sobrecargo pidió entrar en cabina para, con cierta alarma, informar al capitán: ¡hay ratas en la bodega! ¿Qué hacemos con las ratas?

El capitán quería ordenar una inspección del habitáculo infestado, localizar los elementos indeseados y eliminarlos.

El copiloto, sin embargo, veía peligros en tal acción: el pasaje podría alarmarse; además, dada la astucia y extrema agilidad de las ratas, había muchas posibilidades de no localizarlas ni –eventualmente- acabar con todas ellas. Sugería él actuar normalmente, como si las ratas no existieran, y continuar la travesía hasta el aterrizaje. Allí, en el aeropuerto de destino, se podría desratizar y desinfectar la nave.

El navegante, en cambio, se manifestó en desacuerdo también con esta propuesta: las ratas, dueñas de la bodega, podrían roer cables y circuitos vitales y el avión, fuera de control, podría estrellarse, y ser nefastas las consecuencias para todos.

Sugirió, pues, lo siguiente: volemos más alto, lo más alto que podamos; pues las ratas no soportan la altura. Se asfixiarán, morirán.

Volar alto, más alto, volar hacia la Luz y el aire fresco y puro. Las ratas caerán.

¿Hay ratas en Logia? En caso afirmativo, ¿qué hacer?

Hay quien, parafraseando al siniestro Arnaud Amalric, se inclina a irradiarlas a todas, y que el Gran Arquitecto del Universo reconozca a las suyas… Dicha medida, es evidente, tiene su contrapartida: locales vacíos.

Otros, con pretendidas y buenistas ideas de tolerancia, creen que es mejor dejarlo todo como está, que todo siga su curso, sin tocar a las ratas; que continúen royendo y corroyendo los cables y circuitos del Taller…

Pero también cabe volar más alto, alcanzar mayor altura: en el trabajo masónico, en el rigor del método, en cumplimiento de sus exigencias, en ser cada vez más cabales personas, mejores masones.

¿Se asfixiarán las ratas con la altura, quedarán deslumbradas por la Luz y abandonarán el barco? ¿Es la Logia un barco?

Hermoso, el lenguaje simbólico de las historias y cuentos. Además, hemos tenido suerte con el símil del avión; ya que, si llega a tratarse de un barco… son las ratas las últimas en abandonar la embarcación que se hunde.

¡Buena semana!

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