La plancha: edificio y templo

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Los masones planchamos; es decir, trazamos planchas, que son trabajos –escritos- sobre temas masónicos o que, sin ser específicamente simbólicos, interesan al Taller (nada humano nos es ajeno). Dichos trabajos van normalmente destinados a su lectura en la Tenida o reunión de la Logia, por lo que, por sentido común, no deben ser demasiado extensos. Está demostrado que, por muy masón que uno sea y por buena voluntad que ponga en la escucha, desconecta casi de forma automática cuando lleva más de siete u ocho minutos escuchando hablar a la misma persona. Siete u ocho minutos pueden mover nuestra atención y nuestro corazón; pero, con seguridad, mucho más tiempo moverá nuestras posaderas y protestarán las próstatas. Así pues, no es conveniente que la plancha sobrepase los tres folios, a espacio y medio o doble. ¡Los Hermanos y la eficiencia os lo agradecerán, o… os temerán! Aún recuerdo una plancha de 42 folios, uno detrás del otro, que fue para mí más destructiva que el terremoto de Lisboa.

Una plancha es un edificio que, en lugar de piedras, cal y argamasa, se levanta con ideas, corazón y palabras, la materia prima del francmasón. Por tanto, es conveniente encarar cada trazado o plancha como un trabajo de construcción. Y edificarla con sumo respeto, pues somos constructores de templos, y la plancha es también un templo: de las ideas, de las palabras, de lo más personal e íntimo…

Se comienza por los cimientos: una vez bien acotado el tema que deseamos tratar, hay que escarbar en nuestra tierra mental para, apartado el lodo de los prejuicios, lugares comunes y materia extraña al fin que se pretende, afianzar las bases sobre unas pocas ideas a partir de las cuales levantar luego los pilares maestros, tarea fundamental para ir añadiendo elementos –ejemplos (sin abusar), referencias (las mínimas),…- y piedras bien cubicadas –nuestra experiencia personal es más interesante para los Hermanos que demasiada wikipedia…-, de manera que la construcción vaya creciendo.

Levantadas y rectificadas las paredes argumentales, el edificio-plancha necesita una cubierta, para que la lluvia y los elementos no lo vayan erosionando hasta su destrucción y desaparición. Dicho de otro modo: claras las ideas y levantados los argumentos, bien sujetos por la argamasa de la lógica y el buen sentido masónico, ha de terminarse el conjunto con un buen debate en la Logia. Entonces, de la conjunción entre el trabajo personal y el diálogo fraternal en Tenida, tendremos la mejor cubierta para nuestro edificio. La más lúcida, bien diseñada y brillante plancha no estará terminada sin debate.

Resumiendo, la plancha es edificio y, como tal, tiene necesidad de una técnica argumental, filosófica, ética. Además, la plancha es templo y, como tal, tiene necesidad de corazón y espíritu que le dé vida. De otro modo, tendremos una construcción impecable pero… fría, soberbia, sin hálito vital.

Planchar es vivir en la calle, no en obras de consulta

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