Segundo Vigilante: misión y tarea

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El Segundo Vigilante –artículo 36 del Reglamento General del  Gran Oriente de Francia- se encarga de la instrucción masónica de los Aprendices, no en su nombre, no en nombre propio sino en nombre de toda la Logia, que, por su medio, instruye a los Aprendices.

Este Oficial de la Logia supervisa y verifica el progreso masónico de las Hermanas y Hermanos Aprendices, que le remiten sus planchas o trabajos para su revisión y verificación conforme al primer grado del proceso masónico.

Los Segundos Vigilantes, en el desempeño de su tarea, tienen la oportunidad de crecer y perfeccionarse en humildad; porque hay Hermanos y Hermanas que, sin ser Maestros Masones, tienen tal calidad humana y masónica que a su Vigilante le hacen sentir pequeño, muy pequeño.

No obstante, tiene que revisar y, eventualmente, corregir las planchas o trazados de Aprendices. No se trata de una censura, ni mucho menos, sino de verificar que lo trabajado por el Hermano o la Hermana Aprendiz se corresponde con el tema propuesto, con el grado en que se trabaja, con la Orden y con la especificidad de la propia Obediencia. Ha de usar, simbólicamente, su mallete para esto.

Ciertamente no resulta muy grato, cuando al Segundo Vigilante le ha presentado con ilusión una plancha bien trabajada, corregirla y advertir al Hermano o Hermana que la ha trazado. El Vigilante ha de tener sumo respeto al trabajo de sus Aprendices, dicho trabajo escrito expresa las vivencias espirituales y comprometidas –masónicas- de quien lo ha trazado. Por tanto, la corrección ha de realizarse en cierta atmósfera fraterna y amistosa para que no caiga en saco roto y para que los Aprendices no se sientan ni censurados ni maltratados.

Ahora bien, también los Hermanos y Hermanas Aprendices tienen su compromiso en este sentido: al iniciarse Francmasones, se han prestado a vivir cierto renacimiento espiritual y, como nadie nace –ni renace- sabiendo, se han comprometido a seguir las indicaciones de su Segundo Vigilante, a quien la Logia ha puesto a su cargo. Decisiones, por supuesto, que no han de ser arbitrarias; pero que, se estima, tendrán más conocimiento de causa (en el plano masónico, ritual o simbólico) que la opinión que trae quien acaba de ser recibido Aprendiz. Aprender es también seguir a un Maestro, ir con él, dejarse conducir, prestar confianza… Aprender es un fenómeno espiritual, iniciático.

Tengo el honor de conocer y ser amigo de un Hermano que fue, en su día, Segundo Vigilante. En su calidad de tal, corrigió leal y lúcidamente la plancha de un Hermano Aprendiz, el cual, sintiéndose herido en un amor propio más profano y soberbio que masónico, le acusó –a los cuatro vientos, webs y foros- de haberle maltratado. Este Hermano Aprendiz nunca lo fue, se creyó nacido Maestro. 


En fin, el Aprendizaje, lejos de constituir un tira y afloja y una recopilación de meros saberes librescos (y wikipédicos), constituye un proceso espiritual de primer orden y, como tal, necesita de apoyo, luz y guía: Segundo Vigilante.

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